La Royal Society británica, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades

La Royal Society, la institución científica más antigua del mundo, ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2011 por su impulso a la investigación en sus más de 350 años de existencia y su carácter multidisciplinar, “en el que se ponen de manifiesto los vínculos entre ciencia, humanidades, sociedad y política”.

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Desde 1645 tenían lugar reuniones semanales en Londres de filósofos naturales y científicos de otras áreas del conocimiento, en particular de lo que por aquel entonces se denominaba «Nueva Filosofía» o «Filosofía Experimental», y existen pocas dudas de que estas reuniones filosóficas son las que Robert Boyle llamaba el Colegio Invisible o Colegio Filosófico en su correspondencia en 1646 y 1647. Según John Wallis estas reuniones fueron sugeridas por Theodore Hank, un alemán residente en Londres, y tuvieron lugar principalmente en la residencia de Jonathan Goddard.

Ya desde sus inicios el grupo tenía sus normas de funcionamiento, se reunía una vez por semana y para evitar que se desviara la discusión de su propósito original estaba prohibido hablar de la divinidad, asuntos de estado o actualidad, limitándose los temas a tratar a la Nueva Filosofía y materias relacionadas —Medicina, Anatomía, Geometría, Navegación, Estática, Mecánica, etc.— y los experimentos.

Durante la segunda guerra civil inglesa (16481649), que finalizó con la ejecución de Carlos I, parte del grupo se trasladó a Oxford, donde mantuvo reuniones paralelas a las del grupo de Londres que continuaron en el colegio Gresham durante el interregno hasta 1658, año del fallecimiento de Oliver Cromwell. Tras la restauración monárquica con el ascenso al trono de Carlos II en 1660, las reuniones se reanudaron en Londres uniéndose a ellas el grupo que había permanecido en Oxford.

La primera reunión tuvo lugar el 28 de noviembre. A ella acudieron William Brouncker, Boyle, Alexander Bruce, Robert Moray, Paul Neile, John Wilkins, Goddard, William Petty, Peter Ball, Lawrence Rooke, Christopher Wren, Abraham Hill. Tras una lectura a cargo de Wren, los asistentes decidieron fundar una Sociedad para la promoción del Saber Experiental Físico-Matemático, reunirse una vez por semana (los miércoles), establecer una cuota de ingreso de 10 chelines y una cuota semanal de un chelín para sufragar los experimentos, y eligiendo a Wilkins como presidente. En la reunión siguiente, el 5 de diciembre, Robert Moray informó que el rey aprobaba el establecimiento de las reuniones y estaba dispuesto a apoyar la creación de la Sociedad. El 12 de diciembre se fijó el número de miembros en 55 siendo supernumerarios los barones, miembros del Colegio de Física y profesores universitarios de Matemáticas, Física y Filosofía Natural. El 6 de marzo de 1661 Moray fue elegido presidente en sustitución de Wilkins.

El 18 de septiembre de 1661 acordaron un borrador de estatutos y la cédula real de asociación fue firmada el 15 de julio de 1662, momento en el que oficialmente se constituye la Royal Society. En ella figuraban los miembros del Consejo, se nombraba a William Brouncker primer presidente y se permitía nombrar un «Comisario de Experimentos», el primero de los cuales fue Robert Hooke, nombrado el 5 de noviembre de ese mismo año. De hecho ya desde el principio los experimentos tenían gran importancia y consumían gran parte del tiempo que duraban las reuniones. La cédula real permitía también que la Sociedad hiciera publicaciones y en 1664 dio a la imprenta Sylva de John Evelyn y al año siguiente Micrographia, de Robert Hooke.

En una segunda cédula real del 23 de abril de 1663 el rey otorga sus armas a las sociedad, dona una vara y es nombrado miembro fundador, se nombran dos secretarios, John Wilkins y Henry Oldenburg y se hace referencia a la Sociedad como Sociedad Real para el Avance de la Ciencia Natural, que será su nombre definitivo. El lema adoptado Nullius in verba (En palabras de nadie) se refiere a la necesidad de obtener evidencias empíricas para el avance del conocimiento en vez de recurrir al criterio de autoridad, usado por los escolásticos. Procede de la frase de Horacio (Epístolas, I, 14) que reza: “Nullius addictus jurare in verba magistri” (No me siento obligado a jurar por las palabras de maestro alguno).

De Wikipedia

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